sábado, 23 de agosto de 2008

Mayra


Sé muy poco de ti,
tu nombre es sinónimo de misterio.
Aunque sea tu sonrisa un cuadro expresionista,
un collar de perlas,
el sueño de un dentista,
no sé nada de ti.
Aunque te muestres diáfana y cercana
y tu alegría me contagie el alma,
sólo conozco tu nombre sin apellidos
y dónde encontrarte en las noches de verano.
¿Qué pasará cuando caiga el invierno?
¿Dónde irás a parar cuando el viento helado
se lleve el último rayo áureo de estío?
Quién sabe.
Seguro que seguirás brillando
en los días lluviosos,
y con tu simpatía alegrarás el cielo gris de enero.
Plantarás flores en los nubarrones oscuros,
y lograrás que las gotas de lluvia parezcan
cascadas de pétalos de rosa.
En los días de lluvia te recordaré, Mayra.
Y un pequeño fuego de verano,
de playa,
de sal y arena,
ron y ginebra,
seguirá vivo en el pecho gracias a la evocación
de tu sonrisa lejana,
de la luz de tus ojos de canela
mirándome alegres mientras me ofertas
dos copas al precio de una
y un pase gratuito para discoteca.

martes, 19 de agosto de 2008

En una noche como esta

En una noche como esta desmarinamos
a la luna del mar.
Enterramos nuestros miedos en la arena
y los cubrimos con sal.
En una noche como esta
dos perfumes de sesenta euros
se mezclaron en una nueva fragancia unisex
de ciento veinte,
se plantaron semillas de versos futuros
y nació una felicidad etérea
que más tarde se deshizo en lágrimas tristes.
Sellamos con miradas un pacto entre carmín
y labio desnudo,
soñamos ilusos a la luz de mil velas
con la eternidad mal comprendida desde nuestros
ojos de mortales.
Pero llegó el principio sin fin,
y el momento se hizo eterno en el recuerdo de una noche.
Nuestra noche. Una noche como esta.
Una noche que a diferencia de la de hoy
tenía la promesa rutinaria del te quiero,
del nos vemos mañana.
Y pronto el balcón de una habitación solitaria
con vistas a ninguna parte
se nubló con el brillo de tus ojos pardos
con reflejos de aguamarina.